El problema
Un entrenador personal cuyo negocio crecía por WhatsApp — que es exactamente donde empezaba a romperse. Cada cliente nuevo significaba el mismo ritual: enviar las preguntas una por una (¿cuál es tu meta?, ¿alguna enfermedad o medicación?, ¿cuántos días puedes entrenar?), esperar las respuestas, y luego perseguirlas entre decenas de chats cuando llegaba la hora de armar el plan.
El seguimiento era igual de manual: planes de entrenamiento, planes de nutrición y progreso de cada atleta, todo llevado a pulso. Funcionaba con 10 clientes; no funcionaba para crecer.
La solución
Construimos el sistema en dos piezas que se hablan entre sí.
La landing de admisión. Un cuestionario online guiado, en 5 pasos y 16 preguntas: contacto, objetivo y fotos actuales, hábitos de entrenamiento, nutrición y salud. El atleta lo completa desde el teléfono a su ritmo, sube sus fotos de frente, espalda y lateral, y todo llega directo al panel del entrenador. Lo que antes era un interrogatorio por chat ahora es un link.
El dashboard. El back-office donde vive la operación completa: cada cuestionario entra con su estado (recibido → revisado → procesado), cada cliente tiene su ficha, y el entrenador asigna planes de entrenamiento por persona con un planificador semanal — ejercicios, series, calendario. El progreso de cada atleta, fotos incluidas, se consulta en un lugar en vez de reconstruirse chat por chat.
Anuncios que se miden
Tener landing propia no era solo estética — es infraestructura de marketing. El entrenador invierte en campañas de Meta, y la plataforma lo aprovecha con A/B testing: cada anuncio lleva a una variante de la landing (versión A o versión B, seleccionada por un parámetro en la URL), de modo que se mide qué combinación de anuncio + página genera más cuestionarios completados — y la inversión publicitaria deja de decidirse por intuición.
Ese es el patrón que nos gusta: primero ordenar la operación, después convertirla en una máquina que aprende.